El notorio cambio de tendencia en la compra de #vivienda nueva 

Me siento una persona privilegiada al poder asistir como partícipe a la revolución social y económica en la que estamos inmersos. Me entusiasmo comprobando la cantidad de posibilidades que las nuevas tecnologías de la comunicación están permitiendo poner al alcance de cada vez más personas. Soy consciente del riesgo que esto conlleva, ya que a mayores posibilidades, más oportunidad de dispersión, incluso de riesgo para la calidad de vida si falla el autocontrol y la claridad de propósito en la propia vida. Pero esto es una parte inherente a la libertad. Por eso se le llama así, porque conlleva la necesidad de decidir. Y decidir, como sabemos, precisa también renunciar.
A lo que vamos. Acabo de leer un interesante artículo sobre la “Teoría de la Larga Cola”, cuyo nombre y propuesta debemos a Chris Anderson. os recomiendo su lectura, ya que sólo cambiando un poco la óptica que Ignacio Muro, el autor del post le da, y mirando a través de sus palabras a nuestro sector de vivienda nueva (me cuesta cada día más trabajo llamarle “inmobiliario” por todas las connotaciones que tiene tanto sociales como del propio término), podemos ver en ellas algunas ideas de gran valor para nosotros.
“En la red, lo minoritario es popular”, dice originalmente Chris Anderson. Y en nuestro cliente de vivienda nueva, ya no se llevan los grandes bloques de edificios con viviendas iguales. Cada nuevo propietario se considera con el mismo derecho a tener como mínimo el mismo grado de personalización que tiene cuando con 1,20 € pide un café: Corto solo, con hielo, manchado, bombón, con leche fría, templada, caliente. . .
Así que, una página web de empresa de viviendas que transmita un poco más de lo mismo, está condenada de antemano al ostracismo. Y una llamada de un cliente potencial en el que la respuesta de una persona quizás no preparada para tan importante labor de atención personal sea: “pues tenemos viviendas de 3 dormitorios de 95 metros cuadrados que valen 183.500€ que están ya terminadas”. . . es en cada día más casos equivalente a la pretensión de que nos compre lo que nosotros hemos hecho y no aquello que el cliente sueña con crear en su nueva hogar. Más nos valdría decirle: “permítanos que le ayudemos en su visita a encontrar el modo de personalizar las viviendas que podemos ofrecerle, hasta encajarlas en todo lo posible con lo que usted y los suyos demandan a su nuevo hogar” (por ejemplo).
A la frase del Sr. Anderson, le sumamos esta otra también suya: “Lo más normal es cada vez menos frecuente”. O sea, que las minorías de las que se componen un 70% aproximado de nuestra sociedad, se van sumando en pequeños grupos a propuestas concretas de vivienda y servicios que satisfacen especialmente algunas de sus prioridades sentidas.
Internet y su capacidad de individualizar la oferta ha cambiad ya, para siempre, la perspectiva de vivienda. Todo el mundo desea ser “CO-AUTOR” de su propio Hogar. Y esto no hay quien lo pare. Así que quien se empeñe en vender “Café para todos” en vivienda nueva, va a conseguir su propósito pasando por encima del cadáver creativo e individualizador de su cliente potencial. Y esto a este no le va a gustar nada.

Con la enorme oferta actual de “Inmuebles”, aquellos empresarios que de verdad quieran que los clientes compren ahora sus viviendas, que salgan rápido y bien de su Océano Rojo y se dispongan a competir en Valor Añadido.
Seguiré con mucho gusto abordando esta perspectiva.
Saludos de Prudencio

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