Diferenciarse o morir en #vivienda nueva

Tengo una excelente noticia que compartir.
Después de meses de trabajo intenso junto con mis clientes promotores por encontrar la luz al otro lado del túnel, hoy siento desde dentro el deseo de transmitir que ya la veo, que se me ha abierto el horizonte y que tengo una clara sensación íntima de haber empezado a caminar en llano después de una cuesta mantenida en el tiempo que a veces parecía no acabar. Y ha sido curiosamente gracias a la opinión de un promotor alumno en el Master del sector en el que este sábado pasado he dado clase de comercialización inmobiliaria. En el momento en que explicaba un caso real de una empresa cliente mía que ha optado por ofrecer durante un año a los nuevos clientes un Gestor de Servicios gratuito, este profesional me pide la palabra y sintiendo sus palabras me dice: “A esta gente lo que le pasa es que ha perdido el norte. No debe de saber muy bien quienes son y a qué se dedican”. Sus compañeros quedan expectantes ante el ordago lanzado. Por un instante pensé que alguien por fin me mostraba su desacuerdo explícitamente. Y me mereció mucho respeto su actitud decidida y defensora de su línea de pensamiento. En el momento posterior se creó en el ambiente la sensación de vacío que te asoma al abismo o a una reflexión inspirada. Le propuse que pensáramos juntos, en serio, a qué creíamos que nos íbamos a dedicar a partir de ahora en las empresas promotoras, sobre todo las pymes, y cómo conseguiríamos competir con empresas con mayor economía de escala que no iban a respetar nuestro territorio si les parecía atractivo para ellos, e iban a tratar de obtener partido de su fuerza competitiva a costa de nosotros. Y por el lado opuesto, qué pasaría si cualquiera de las otras empresas como la nuestra fuera capaz de ofrecer a los clientes por los que competimos, una solución de vida mucho más completa y mantenida en el tiempo gracias a los valores añadidos que estuvieran en condiciones de aportar, regalados o cobrados, dependiendo de la situación competitiva en la que estemos.

Pude entonces desde él, no desde mí o desde mi propia experiencia que podría estar sesgada por mi perspectiva, comprobar que realmente, ya no era discutible este principio de diferenciación adaptada al mercado y que a partir de ahora, lo único que podríamos poner en tela de juicio es qué hacer para que la propuesta de Valor fuera para el cliente potencial más atractiva que la de nuestros competidores directos.
Comparto con vosotros esta experiencia porque siento que apuntala la determinación de crecer cualitativamente como mínimo a la vez que cuantitativamente, al tiempo que abre un panorama profesional, de especialización y verdadero sentido de la utilidad al mercado, que convierte en apasionante el reto de ser elegido por nuestro cliente potencial como prueba palpable de nuestro buen hacer.
Saludos de Prudencio

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